La casa cruje,
se rebela,
se golpea en su viento terco.
Mis dedos son de fuego,
mi piel eléctrica, reactiva,
mis ojos blancos en un intento ansioso
de localizar el corazón
y el respiro.
Nadie podría acercarse
desde este trono inmóvil,
también me gustaría desarmarme.
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