sábado, 16 de agosto de 2025

Me empalmo el corazón de hierbas, 

de sahumerios, 

lo remojo con la delicadeza del yeso en el agua,

lo envuelvo en barro,

lo sumergo en el mar, 

le ofrendo una oración,

un canto, un mantra, un ocaso. 

Le sopló el desespero, 

le ruego que crea.

La casa cruje, 

se rebela,

se golpea en su viento terco.

Mis dedos son de fuego,

mi piel eléctrica, reactiva, 

mis ojos blancos en un intento ansioso

de localizar el corazón

y el respiro.

Nadie podría acercarse

desde este trono inmóvil,

también me gustaría desarmarme.