domingo, 18 de agosto de 2019

Diálogos

Quería encontrarse allí,
acaecer,
enraizarse alrededor de esa cúpula abandonada y
en la sangre seca de insectos demarcando estaciones.

Hacía de bandera el olor a tierra mojada
y a himno la hierba que hacía de nido sus píes.

Mientras intentaba seguir la línea de rastros de tacto en su cuerpo con la mirada,
disfrutaba estar en medio de esa batalla de espadas que dejaban las luces que se colaban entre los grandes ventanales
y cubriéndole esas esquinitas de soledad,
esperaba pacientemente de la luna,
un ocaso más prometedor.

Intentaba adivinar de dónde provenía el sonido de cada pájaro que venía a susurrarle algo de franqueza
y celaba el no poder simplemente colgarse en el cuello de alguno,
jugar por fin a ser cometa
y celebrar estar en línea con algún otro confín.

Vibraba al fin al ritmo de las venas del cosmos,
hacia parte de esa corriente de hojas que apostaban a ser fuertes y coherentes al momento de señalar la caída,
pero que se encontraban testarudamente creando cantos a sirenas que sólo venían en sueños.

Disfrutaba deshacerse los pesares en clorofila
y acurrucarse en el frío que hacía caer los frutos para escuchar su respiración.

En el rastro del suelo demarcado confiaba en el espacio vacío
y mentía en los rincones en los que se encontraba desolada.

- Todo para ahuyentar la ironía de un vida que cojeaba de reciprocidad.- 

Murmuraba para no despertar el silencio,
decía encontrarse fielmente en las campanas del viento,
en su ágil exhalación para despertar corazones,
en la crucialidad de su sonido para anunciar partidas.  




Allá en los truenos
,
encontrándose en alguna sílaba perdida, 
soltaba el polvo. 







martes, 13 de agosto de 2019

En la utopía de que escribo signifique algo a la inversa

Escribo,
si, escribo.

para disimular el mareo de esta ópera apática,
para desdibujar la peste de ese lente con óptica egoísta,
para encontrar por fin la arena en la profundidad de mis suelas.

Escribo,
para no tener que seguir fingiendo,
o para fingir en un libreto que quiera desechar el mismo guion enfermo,
o para atenuar las horas que con su violenta horizontal travesía,
cavan huecos.

Escribo,
para demarcar el espacio que se expande cuando se entiende la ironía de lo efímero,
para encontrar en cada coma redundante los mismos gritos en voz alta,
para besar con el mismo ímpetu que las hojas al reflejo del agua.


escribo,
si, escribo
y el escribirme me evita las resacas
y me baila los arpegios tristes.

¡y ya sé de mis desaciertos!

Me detengo en los trazos de las sombras,
en los refráctales de luz rotos.

Siento la afonía del espacio,
el peso de los días después de caminar mirando al suelo,
las voluntades deslúcidas en espacios infértiles,
las miradas que se pierden en la vacuidad de gestos
incompletos.

Me meso en un espacio moribundo,
tieso,
frágil,
pertinaz.

Titilo desde un hilo pausado en la respiración y
me poso horas en las dimensiones que emite el fuego anhelando encontrar salida a las ruinas.

Busco con tenacidad algún espacio que me devuelva las ganas,
alguna grieta que quiera acogerme.

Encuentro sinergia en ese árbol que se ha vuelto minutero,
admiro su poder para sostenerse,
su valentía para soltarlo todo cuando ya esta marchito.

Pienso en las ramas que se enlazan creando sombras inherentes,
sirviendo de alas para atenuar el vuelo,
en su insistencia para demarcar lo eterno,
en el ahínco de mi nostalgia. 


Cierro los ojos con fuerza,
busco encontrar algo de este fragmento entre mi aliento.

Respiro,

medito espacio de luz,
hago de refugio las hojas,
aulló con fuerza al cielo que se abre.

me aferro con fuerza al reflejo del agua,
a una imagen de mi misma en movimiento,
a su forma difusa y tenue de un suspiro eclipsado con la brisa.

Aterrizo.

Espero que este canto,
prófugo de la mentira que lo abraza,
pueda de nuevo marcar su camino en las estrellas.