La forastera,
le reza al toque, al salto, al gesto roto en el flamenco
que le devuelva la ilusión del estímulo,
el hambre del roce en la palabra atenta,
la intriga de la narración en la ausencia del otro.
La forastera,
su giba de paisaje moribundo le da la sombra,
y su respiro de lechuza la esconde
de sus extremidades de insecto vertebrado,
solidificándose,
frente al movimiento.
Su cuello,
engrandecido en eclipses
le deja el mareo de la altura,
la perspectiva de lo fósil
y el reflejo reptil de su piel cansada.
La forastera,
en qué grito afónico dejo de insistir ?
en qué duelo renunció a sus luchas ?
en qué caldera quemó los pasajes de tinta ?
desde qué fractura le traquea el impulso?
Sacerdotisa de senderos, de lo claroscuro,
apaga el velón del altar atenuado de defensa.
Seguí buscando el abrazo en la horizontalidad del océano,
en el lenguaje del árbol,
en el chillido de la cigarra,
en la arquitectura del pájaro.
la señal de huida,
distraerse de la mirada del otro.
Merci pour la vision que tu m'a apporté je t'oublierai jamais par rapport à ça
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