Suenan tambores en estas flores mías,
danzo el crescendo de la hierba,
siento la respiración de los lobos
esta vez con ojos de caza,
con viento anaranjado después del suspiro.
Profeso en la intuición del pájaro
y me avivo en el viaje de sus prosas oníricas,
esta vez soy yo la que se posa en su hombro
la niña,
la ninfa,
en el camino de retorno.
Me escarbo.
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