martes, 13 de agosto de 2019

¡y ya sé de mis desaciertos!

Me detengo en los trazos de las sombras,
en los refráctales de luz rotos.

Siento la afonía del espacio,
el peso de los días después de caminar mirando al suelo,
las voluntades deslúcidas en espacios infértiles,
las miradas que se pierden en la vacuidad de gestos
incompletos.

Me meso en un espacio moribundo,
tieso,
frágil,
pertinaz.

Titilo desde un hilo pausado en la respiración y
me poso horas en las dimensiones que emite el fuego anhelando encontrar salida a las ruinas.

Busco con tenacidad algún espacio que me devuelva las ganas,
alguna grieta que quiera acogerme.

Encuentro sinergia en ese árbol que se ha vuelto minutero,
admiro su poder para sostenerse,
su valentía para soltarlo todo cuando ya esta marchito.

Pienso en las ramas que se enlazan creando sombras inherentes,
sirviendo de alas para atenuar el vuelo,
en su insistencia para demarcar lo eterno,
en el ahínco de mi nostalgia. 


Cierro los ojos con fuerza,
busco encontrar algo de este fragmento entre mi aliento.

Respiro,

medito espacio de luz,
hago de refugio las hojas,
aulló con fuerza al cielo que se abre.

me aferro con fuerza al reflejo del agua,
a una imagen de mi misma en movimiento,
a su forma difusa y tenue de un suspiro eclipsado con la brisa.

Aterrizo.

Espero que este canto,
prófugo de la mentira que lo abraza,
pueda de nuevo marcar su camino en las estrellas.




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